martes, 14 de enero de 2020

Siervo sin dolor de un desolado designio... (Poema de Fernando Pessoa)


Siervo sin dolor de un desolado designio,
de nada creas o descreas mucho.
Lo mismo da que pienses o no pienses.
Todo es irreal, anónimo y fortuito.

No tengas curiosidad del vasto mundo.
Es mucho menos ancho que hondo.
Y lo que no sabes no lo sabrás nunca
y eso es lo más real y profundo.

Trueca por vino el amor que no tendrás.
Lo que esperas lo esperarás por siempre.
Lo que bebes, te lo bebes. Mira las rosas.
Muerto, ¿qué rosas olerás?

Viendo el tumulto inconsciente en que anda
la humanidad de un lado a otro,
¿No te entran ganas de dormir?
¿No te crece el desprecio al que manda?

Dos veces al año, dicen los que saben,
en Nishapor, donde a mí me cabe el mundo,
florecen las rosas. ¡Esté yo sepulto
y el doble florecimiento no se acabe!

Trae el vino, que el vino, dicen, es,
lo que alegra el alma, y en perfecta fe lleva
la sangre de un Dios al cuerpo y el alma.
Pero sea como fuere, bebe sin ser.

Pisoteando los campos que el trabajo labra
con sus caballos imperiales, pasa el César
por aquí. Muerto él, más tarde, renace
la hierba y por los campos se propaga.

Goza el Sultán de amor en cantidad.
Goza el Visir de amor en calidad.
Yo no gozo amor ninguno. Dénme vino.
Y gozo de ser nada en libertad.

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